Ebro - El Viaje - Río
Gigante de plata y barro. Soy el latido que despierta en la
Peña Labra, donde las nieves de Cantabria se rinden al sol y el Fontibre me da nombre. Soy el Río Ebro, columna vertebral de una tierra antigua, el gran surco de agua que cose España desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo.Atravieso gargantas de piedra en Burgos y me ensancho en las tierras riojanas, donde mis orillas se vuelven sarmiento y vino. Al llegar a Logroño, me detengo bajo el Puente de Hierro para reflejar siglos de pasos peregrinos. Soy el camino que guía al caminante, la sed que apaga el campo y el espejo donde se mira la historia de los reinos que protegí.
En Zaragoza, me convierto en oración y piedra. Acaricio los pies de la Basílica del Pilar, escuchando el murmullo de las plegarias y el rugir del cierzo que riza mi superficie. He visto asedios y glorias, he sentido el peso de los puentes que desafían mis crecidas y he guardado el secreto de las civilizaciones que, desde los íberos, me llamaron Iber.
Sigo mi curso hacia el este, nutriendo las huertas de la Ribera y cortando el desierto de los Monegros con un tajo de vida. Me hago inmenso, pausado y sabio, hasta que en tierras tarraconenses me abro en un Delta de infinitos verdes y azules, donde la tierra y el mar se funden en un abrazo de arena y arrozales.
No me veas solo como un límite o una frontera; mírame como la arteria que alimenta el cuerpo de un país. Fui camino de comercio, defensa de ciudades y cuna de leyendas. Si me respetas, seguiré siendo la fuerza indomable que une cumbres y deltas, el vínculo líquido de nuestra memoria y el motor de vuestro mañana.
¿Serás tú el caballero de la corriente que ha tallado tu historia y sostiene tu paisaje?